
La Rayuela
Lola Quero
Puente de plata a la privada
Hoja de ruta
LA reunión del miércoles de la junta directiva de la CEOE fue lo más parecido a una asamblea del Betis, según versión de uno de los presentes. El presidente de la patronal española, Gerardo Díaz Ferrán, iba a defenestrar a su segundo, el andaluz Juan Jiménez Aguilar, quien fue ovacionado por los asistentes a su llegada. Con la emoción, el secretario general de la CEOE se desmayó. Acabó en el hospital con una angina de pecho y ahora se recupera en su casa de Málaga. Ha dimitido. Tras aquellos aplausos, en la junta directiva de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales hubo improperios y peticiones de dimisión al jefe de la patronal.
Díaz Ferrán es presidente de la CEOE desde junio de 2007 por un acuerdo entre caballeros con su antecesor, José María Cuevas. Entonces, él mismo pidió a Jiménez Aguilar que siguiese como secretario general, con una estrella más en sus galones de general: lo iba a nombrar, además, vicepresidente ejecutivo. Un sanedrín de once vicepresidentes aprobó ese compromiso, con la voz discrepante del presidente de la patronal andaluza, Santiago Herrero, quien presentó una candidatura alternativa y sacó dos votos. Ahora Díaz Ferrán quiere hacer su equipo y mandar. Natural. Pero a él le gusta la gestión individual y comprometer el punto de vista de la CEOE a título personal. Para eso es el jefe. Jiménez Aguilar le ha recordado con frecuencia que esos modos chocaban con la cultura de gestión colegiada que imperaba en la patronal. Eso ha roto la confianza mutua.
La forma en que se ha producido esta destitución no ha podido ser más inelegante. Jiménez Aguilar merecía salir por la puerta grande de la CEOE. Es uno de los grandes personajes del Estado durante toda la transición: probablemente el último en activo de los protagonistas de los Pactos de la Moncloa de 1977. Ha estado en todos los acuerdos entre Gobierno, patronal y sindicatos que se han negociado en España en los últimos 24 años, desde que fue secretario general de la CEOE: pactos de empleo, competitividad, para la convergencia con Europa o el diálogo social. Su hoja de servicios merecía un respeto y un reconocimiento, que no ha tenido.
En paralelo, Díaz Ferrán ha protagonizado esta semana otro sainete. Cuando fue cooptado a la presidencia de la CEOE hace un año hizo un manifiesto liberal: "La mejor forma para solucionar situaciones complejas es más iniciativa privada; más mercado, menos intervencionismo, más desregulación y una menor presión fiscal". Estas convicciones le han durado lo mismo que su aprecio por Jiménez Aguilar. Ahora el presidente de la patronal reclama lo contrario: un paréntesis en la economía de mercado y que el Gobierno intervenga con medidas a la americana para financiar a las empresas. Total, como Lopera cuando pide ayuda municipal para terminar su estadio.
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