El pescador David Gómez expone en Algeciras las huellas del mar a través de una ancestral técnica japonesa

EL ARTE DEL GYOTAKU

Sevillano de nacimiento y tarifeño de adopción, ha recuperado el 'gyotaku' para reproducir los peces que captura durante sus jornadas de submarinismo

Expone hasta mediados de noviembre en la asociación cultural Alarte, en Algeciras

Galería: El artista David Gómez y su exposición de 'gyotakus', en imágenes

David Gómez con una de sus obras, durante el montaje de su exposición en Alarte.
David Gómez con una de sus obras, durante el montaje de su exposición en Alarte. / Jorge Del Águila

David Gómez practica pesca submarina en Tarifa. El fondo de mar inspira su obra artística que, durante todo el mes de octubre y la primera mitad de noviembre, puede contemplarse en la asociación cultural Alarte, en la calle de Las Huertas de Algeciras.

Este pintor-pescador ha rescatado una ancestral técnica de grabado japonesa, el gyotaku, que consiste en imprimir de forma natural sus mejores capturas sin necesidad de una cámara fotográfica. "Gyo significa pez y taku, frotar", explica David Gómez. "Los marineros podían plasmar cómo era la pieza que habían sacado del mar antes de comerla o venderla". Algunos interpretan el gyotaku como un homenaje al alimento que regala la naturaleza.

"Gyo significa pez y taku, frotar"

Un mero que devora a un pulpo, un dentón gigante, la huida de unos calamares, un banco de boquerones a contracorriente, una lubina escurridiza, una pareja de san pedros, la cola de un atún o una barracuda persiguiendo a un jurel son algunos de los protagonistas de la exposición titulada Huellas del mar. "El agua elimina determinados colores conforme aumenta la profundidad", comparte David Gómez. Por ejemplo, "una vieja canaria roja se convierte en negra a más de dos metros".

David Gómez, sevillano afincado en Tarifa, y un amante de la pesca submarina.
David Gómez, sevillano afincado en Tarifa, y un amante de la pesca submarina. / Jorge del Águila

El arte del gyotaku

"Los japoneses de comienzos del siglo XIX creían que el alma del pez se conservaba eternamente en el papel donde lo reproducían", cuenta este tarifeño de adopción, aunque nacido en Sevilla. Recaló en el punto más meridional del Campo de Gibraltar tras la pandemia. Anteriormente, se dedicaba a la gestión de apartamentos turísticos en la capital hispalense. Cristina Harillo, directora de Alarte, descubrió a David Gómez a través de Instagram (@art.ryoshi) y no tardó en contactar con él para que montara su primera exposición en Algeciras.

Cree este artista que, además de un método rápido de impresión, los japoneses inventaron el gyotaku porque históricamente ha sido una cultura "obsesionada con preservar la frescura del producto" y que "de ahí que hayan inventado el transporte en ultracongelación". "En el siglo XVIII no tenían medios para conservar el pescado, así que echaban sobre ellos sacos, sábanas, trapos... Al despegar estas telas, descubrieron que quedaban impresas partes del pescado: una cola, la cabeza... Les gustó y, a partir de entonces, comenzaron a emplear tinta sumi, hecha principalmente de hollín".

Tanto gustaban estas obras en el Japón del XVIII que el emperador convocaba concursos para ver quién realizaba el mejor gyotaku. "Tengo una ilustración de muchos japoneses a las puertas de un templo, todos en fila, con su impresión bajo el brazo, para enseñársela al emperador", comenta David Gómez frente al cuadro de un descomunal dentón que pesó 9 kilos.

David Gómez explica los detalles de la técnica que emplea en sus obras sobre fauna marina.
David Gómez explica los detalles de la técnica que emplea en sus obras sobre fauna marina. / Jorge del Águila

En opinión del artista, que siempre ha disfrutado con el dibujo a lápiz o bolígrafo, la técnica es compleja porque se trata de realizar una ilustración sobre un papel de 30 gramos. "A mano alzada, para destacar todas las texturas, resultaría imposible", zanja este amante de la pesca submarina. "El papel, al ser tan fino, se arruga. No puedes excederte con la tinta y el tiempo de secado resulta crucial, por eso se coloca un segundo papel de arroz en la parte posterior de la impresión, pegado con maicena, que sirve de soporte". Todo un oficio que nace de una tremenda destreza.

"Después de hacerles el gyotaku en casa, me como los pescados, lógicamente"

"Es una técnica absolutamente ecológica", apunta Cristina Harillo. "Todos los elementos son naturales, tanto la tinta, como el papel y el adhesivo". En algunas de sus obras expuestas en Alarte, Gómez combina el gyotaku en pureza con otras de técnica mixta, donde también emplea acrílico o tinta china. Incluso algas.

La mayoría de los modelos los ha pescado él mismo, aunque también hay algún pulpo de potera o ejemplares comprados en el mercado. "Después de hacerles el gyotaku en casa, me los como, lógicamente", puntualiza el artista, que tiene un ojo especialmente agudo para la composición.

Un banco de boquerones a contracorriente, una de las obras que se exponen en Alarte.
Un banco de boquerones a contracorriente, una de las obras que se exponen en Alarte. / Jorge del Águila

漁師

David Gómez aspira a alcanzar la excelencia en el arte del gyotaku. Dice que necesita tiempo para lograrlo. Mientras tanto, sigue realizando obras que no firma bajo su nombre, sino con el caracter 漁師, ryōshi, que en español significa pescador. En el último año, ha vendido alrededor de una treintena de cuadros.

"Viviendo en Sevilla me eché una novia japonesa que quería aprender a bailar flamenco: es lo más cerca que he estado de Oriente"

Augura que, ante el auge de las piscifactorías, en nuestros mares cada vez quedarán menos peces salvajes, por lo que sus impresiones se convertirán en una especie de registro de animales extinguidos en el Estrecho de Gibraltar.

A pesar de sus amplios conocimientos sobre la cultura japonesa, David Gómez jamás ha pisado el país del sol naciente. "Viviendo en Sevilla me eché una novia japonesa que quería aprender a bailar flamenco: es lo más cerca que he estado de Oriente", confiesa con humor.

Los amores pasan, pero la mar todo lo cura.

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