Carta a Juan Ignacio de Vicente Lara
El autor reflexiona sobre la actuación del cronista oficial de Algeciras ante la propuesta de AEPA 2015 de dar el nombre del investigador fallecido al Museo Municipal
El cronista oficial de Algeciras se opone a que el Museo Municipal lleve el nombre de Juan Ignacio de Vicente
El río de la Miel se queda huérfano

Algeciras/Amigo Juan Ignacio:
Te escribo esta carta en la firme creencia de que tu bonhomía y ejemplo de vida han sido credenciales más que suficientes para que el Señor de las Llaves te haya abierto las puertas de la eternidad.
¡Hace tan poco tiempo que nos dejaste huérfanos! Han pasado tantas cosas en tu querida Algeciras desde tu silenciosa partida que no me resisto a ponerte al día en aquellas que están relacionadas con tu memoria.
Lo primero que debes saber es que cuando el pueblo algecireño se enteró de la tristísima noticia, tras recuperarse de la conmoción que causó por lo inesperado, hubo un aluvión de comentarios en redes sociales y en los medios de comunicación, tanto locales como comarcales, en los cuales se loaban tu trabajo y ejemplo de vida.
Especialmente emocionantes fueron los comentarios de algunos de tus alumnos de los IES García Lorca y Miguel Hernández. Uno de ellos, del García Lorca, acertadamente llegó a decir que “el mayor de tus orgullos fue elevar la confianza de toda una generación de la que no se esperaba gran cosa”. ¡Qué verdad encierra ese comentario! Sobre todo si lo hace un alumno de una zona de Algeciras con tantos adolescentes en riesgo de exclusión social.
Incluso el cronista oficial de Algeciras escribió dos obituarios, uno en nombre de La Trocha y otro en el del Instituto de Estudios Campogibraltareños, en los que se enumeraban algunos de tus méritos como historiador y antropólogo social y cultural, a la vez que se recalcaba en ellos la pérdida irreparable que suponía tu muerte para la Cultura de Algeciras. Claro que, entre col y col, también se contenían medias verdades y alguna mentirijilla (uso palabras tuyas, pues las mías serían más gruesas), como decir que dejaste voluntariamente la dirección del Museo Municipal para buscar mejores alternativas económicas. Posteriormente, las medias verdades (que a la postre son una gran mentira) y esa mentirijilla, las ha ido difundiendo en la radio y en la televisión local, poniendo cada vez más énfasis en ellas que en los méritos que tu atesorabas, de los que Algeciras ha quedado huérfana.
¡Cosas de Carlitos, como dirías tú!
Todo transcurría con normalidad, hasta que la Asociación de Emprendedores del Patrimonio Algecireño AEPA 2015, en su nombre y en el de una treintena de colectivos, tuvo la osadía de registrar una propuesta en el Ayuntamiento solicitando que el Museo Municipal llevase tu nombre “en reconocimiento a tu ingente labor de investigación, estudio y difusión del patrimonio y la historia de Algeciras y del Campo de Gibraltar, y también en la organización del Archivo Histórico del Museo”.
Tengo que decirte que hoy en día son más de cincuenta los colectivos y asociaciones culturales que ya se han sumado a la propuesta.
¡Hasta aquí podíamos llegar!, tuvo que pensar Carlitos, y atribuyéndose funciones que no corresponden a un cronista oficial, se dedicó a partir de entonces a divulgar las medias verdades y la mentirijilla de forma desenfrenada, usando además el boca-oreja con todo aquel con el que se encontraba y estaba dispuesto a escucharle y usando únicamente este argumento: "¿por qué el Museo Municipal debe llevar el nombre de Juan Ignacio y no el de otra persona?".
Yo fui “una de las orejas” que escuchó de su boca ese argumento, y, conteniéndome la ira y el dolor que sentía, simplemente le contesté "¿por qué no?, ¿quién crees tú que debería dar su nombre al Museo?". Tú le hubieras contestado: “tienes toda la razón”, y esa respuesta le hubiese dejado confuso.
No quiero atribuirme mérito alguno, pero tuvo que ser mi respuesta la que le animó a redactar un informe de nueve páginas titulado “Informe de la oficina del cronista sobre la pretensión cambiar de nombre al Museo Municipal de Algeciras”, el cual firmó como Cronista Oficial de la Ciudad, y lo entregó en el Ayuntamiento.
Le digo al cronista que en este caso el juez, que es el pueblo, no ha pedido su informe y que se ha autonombrado perito"
Este informe ha sido la gota que ha colmado el vaso de la paciencia de muchas personas. Y algunas han realizado comentarios en la prensa con adjetivos nada elogiosos dirigidos al cronista oficial, al tiempo que se hacen preguntas sobre la verdadera intencionalidad del informe. Seguro que tú sí que sabes de esa intencionalidad, y por eso adivino tu repuesta.
Yo simplemente le recuerdo a Carlos que, a semejanza con lo que ocurre con los informes periciales en el mundo judicial, solamente tienen validez cuando los solicita el juez y que nadie se puede autonombrar perito en un proceso. De esto sé un poco, y por eso le digo al cronista que en este caso el juez, que es el pueblo, no ha pedido su informe y que se ha autonombrado perito.
Otra de las consecuencias del referido informe ha sido que un amigo y alumno tuyo, en el que sembraste la semilla de tu pasión por la arqueología, y que ejerce actualmente de profesor el Departamento de Historia del Arte, Arqueología y Música de la Universidad de Córdoba, ha iniciado una recogida de firmas a través de la plataforma Change.org para adherirse a la iniciativa de AEPA 2015 que está siendo un éxito. Son muchas las personas que se han adherido en esta campaña, entre ellas Fali, nuestro arqueólogo municipal, el cual me ha llegado a decir que hiciste el mejor de los inventarios que se podía haber hecho, tanto de piezas como de documentos históricos, pero que esa línea de meticulosidad no se siguió posteriormente tras tu expulsión de la dirección.
Pedro Marfil, que así se llama este amigo que ha tenido la iniciativa de recogida de firmas, también dice en la prensa verdades como puños de las que tú y yo sabemos muchas otras. Baste que te cite algunas de las que él relata, como son la existencia de excavaciones ilegales y la ausencia de ayuda en las labores de recuperación y catalogación, tanto de piezas para el Museo, como de los fondos documentales del Archivo Histórico.
Yo solo quiero recordarte la famosa Operación Rescate, de la que hemos hablado tú y yo en muchas ocasiones, lamentándonos de que fuera la responsable de que el yacimiento romano de Caetaria, y las piletas de salazones de este, acabaran destrozadas por unos jóvenes ilusionados pero inexpertos, dirigidos por una de las personas que Carlos nombra en su informe.
Otra de las cosas que tengo que contarte está relacionada con las Jornadas de Etnología programas por el IECG. Estaba previsto que se celebraran a primeros del presente mes, pero fueron postpuestas para el sábado día 29.
Aquí el triángulo se cierra: Carlos dirige las jornadas, al igual que la Asociación La Trocha, y, curiosamente, ni ésta ni el IECG firmaron la propuesta que presentó AEPA 2015. Muchos de los ya inscritos decidieron no acudir a las jornadas tras la campaña emprendida por el cronista y otros que figuraban como ponentes renunciaron a participar.
Yo, que estaba inscrito, e incluso estaba previsto que presentara una ponencia antes de que tú fueses ingresado para ser intervenido quirúrgicamente, me planteé asistir o quedarme en casa disfrutando de los nietos. Tengo que decirte, que al igual que me he estado conteniendo, pensando en lo que tú hubieses hecho, decidí asistir. Además, de forma prematura elaboré una ponencia la tarde anterior, por si cabía la posibilidad de hacer una presentación en tu memoria, con un tema sacado de unos documentos que tú rescataste del Archivo del Museo Municipal y que gracias a que los fotocopiaste con dinero de tu bolsillo se han podido salvar, pues los originales han desaparecido.
Antes de la inauguración de las jornadas hablé con Carlos y le pregunté sobre la posibilidad de que yo presentase una ponencia. Él, con cara de asombro, me preguntó: "¿de qué?", y yo le dije que del Reglamento de Regadíos del río de la Miel. Aliviado por la oportunidad de poder sustituir a nuestro amigo Alfonso Pecino, que estaba previsto que diese la primera ponencia y que en una dura carta dirigida al IECG había renunciado a participar, y de que mi comunicación era exclusivamente de antropología cultural y no de denuncia de lo que estaba ocurriendo, me propuso que realizase la primera de las comunicaciones.
En el acto de inauguración, Eduardo Briones, director del IECG, nos adelantó la noticia de que se había decidido nombrarte Consejero Perpetuo, y que ya verían la forma de hacer llegar dicho nombramiento a Mercedes. Por su parte, Carlos, en calidad de director de las jornadas, hizo una bonita loa de los méritos académicos y de tus trabajos de investigación, resaltando tu inigualable labor en el ámbito de la Antropología Social y Cultural. Finalizó diciendo “que Juan Ignacio había tenido un gravísimo inconveniente, su ceguera, aunque fue capaz de superarlo”.
Llegado mi turno como primer ponente, tragando saliva para no dejar fluir al exterior mis sentimientos y tratando de ser todo lo asertivo que tu memoria y tu ejemplo de vida me imponían en esos momentos, lo primero que dije fue que tú estarías avergonzado de la polémica suscitada tras la propuesta de que el Museo Municipal lleve tu nombre, al igual que también lo estarías de que se te nombrara Consejero Perpetuo, sobre todo, debido a tu bonhomía y modestia. En ti, la ceguera nunca ha sido un problema, sino un motor de superación que servirá de ejemplo a generaciones futuras. Los ciegos hemos sido nosotros.
A continuación, expuse los dos documentos que tú habías recuperado, fechados en 1822 y 1908, en los que se regulaban los regadíos en las huertas del río de la Miel y el abastecimiento de agua a los molinos del Cachorro y de la Molinilla de Márquez, a través del Cao de Pajarete; resalté la figura del Alcalde Aguas encargado de velar por el cumplimiento de las ordenanzas recogidas en estos reglamentos. Fue una novedad para los asistentes, los cuales pudieron comprobar la importancia que tuvo nuestro río, no solo en la historia local, sino en la nacional y en la mitología. Al final, ¡ya ves cómo ha quedado nuestro querido río!
José Luis Pavón y Nuria Sáez se salieron de la sala cuando Carlos expuso su ponencia para regresar a su finalización. Fueron de los que también tragaron saliva y acudieron a las jornadas, entendiendo que era el mejor homenaje que podían ofrecer en tu memoria. Como broche final, por la tarde tu amigo Domingo Mariscal cantó un precioso chacarrá con unas estrofas finales muy emotivas dedicadas a ti.
En palabras de Pedro Marfil, "que Juan Ignacio fuera el primer director del museo ya es un hecho diferenciador". Como ya dije en otra ocasión, Algeciras es una ciudad cainita, pues la actitud de ignorar o rechazar a sus personajes más ilustres está muy arraigada.
Amigo Nachito, en este caso parece que no es la ciudad, sino un solo ciudadano el que encarna el papel de Caín. He estado tentado de decirle a Carlitos, emulando las palabras que le dirigió con un tono enérgico nuestro Rey Emérito al dictador venezolano Hugo Chávez: "¿Por qué no te callas?".
Siempre estarás en nuestra memoria.
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