"Los enfermos mentales siguen estigmatizados, se mantienen errores y falacias"

Entrevista | Mario Acevedo Toledo

Recién licenciado en Psiquiatría, en 1977, no había enfermos mentales, sino "locos". Hoy sigue en el oficio, luchando contra los mismos prejuicios antaño, dictando conferencias y escribiendo

Mario Acevedo, en la Plaza Alta de Algeciras.
Mario Acevedo, en la Plaza Alta de Algeciras. / Jorge Del Águila

Lleva toda una vida dedicado a la Psiquiatría y, más en concreto, al estudio del trastorno límite de la personalidad, una patología -“la enfermedad de nuestro tiempo”- que afecta al 2% de la población y que se caracteriza por la escasa capacidad de quienes la sufren a adaptarse a su entorno social. Acevedo (Algeciras, 1950) acaba de volcar todos sus conocimientos al respecto en un libro, La herida límite.

-Estudió en Málaga en el mismo colegio que Ortega y Gasset, el San Estanislao de Kostka. ¿Qué le enseñaron los jesuitas?

-Me enseñaron el afán de aprender. Me temo que ahora dirían que aprendí demasiado.

-Usted cita a John Gunderson, uno de los pioneros el estudio de los trastornos de la personalidad, para afirmar que debemos comprender “los terrores y crueldades de la vida”. ¿Cómo hemos sido capaces de generarnos tantos miedos?

-Gunderson nos dice que tratando a los pacientes límites ha comprendido mejor los terrores y crueldades de la vida. Su corazón se ha hecho más grande. La verdad es que el sufrimiento resulta terrible, siendo como son víctimas y, al mismo tiempo, diamantes sin pulir.

-¿A qué se refiere con que son diamantes sin pulir?

-Antes de la posmodernidad, la sociedad reparaba los daños causados en la infancia. Familiares, vecinos, instituciones civiles y religiosas... Se presentaba una segunda oportunidad.

-El listado de enfermedades mentales es amplio. ¿Se tratan correctamente?

-Se ha avanzado mucho en el tratamiento. La mayoría de los enfermos pueden ser aliviados o curados.

-¿La sanidad pública española está a la altura del reto?

-Los recursos que se asignan a la salud mental son muy insuficientes. Se precisan más psiquiatras y psicólogos clínicos. Los servicios destinados para el tratamiento del trastorno límite son prácticamente inexistentes.

-Los enfermos mentales siguen estando estigmatizados. Podemos decir sin miedo que nos hemos operado de una hernia, pero no que acudimos a la consulta del psiquiatra.

-En efecto, los enfermos siguen estigmatizados, se mantienen errores y falacias sobre ellos. Muchas de ellas las expongo en mi libro. Existen prejuicios sobre la Psiquiatría y los psiquiatras.

"Las depresiones no son por debilidad de carácter ni se curan poniendo interés"

-¿Usted ha sufrido esos prejuicios?

-Naturalmente. Después de 44 años ejerciendo la especialidad no han cambiado demasiado los prejuicios sobre los psiquiatras. Los psiquiatras son los príncipes de la medicina: su altura moral e intelectual admiten pocas comparaciones posibles.

-¿La curación depende básicamente del paciente?

-La curación depende fundamentalmente del médico y de la ayuda familiar y social de la que disponga el paciente. Las depresiones no son por debilidad de carácter ni se curan poniendo interés.

"La posmodernidad en la que estamos instalados es el caldo de cultivo del trastorno límite de la personalidad"

-¿Abusamos de los opioides? ¿Se han convertido las pastillas en una solución sencilla y al alcance de la mano para nuestros problemas mentales?

-Los psicofármacos son esenciales junto con la psicoterapia y otras medidas terapéuticas. No se debe abusar de ellos médicamente ni rechazarlos cuando estén indicados por el psiquiatra.

-Usted lleva 30 años abordando el trastorno límite de la personalidad. ¿Por qué es la enfermedad de nuestro tiempo?

-Mi interés por el trastorno límite comenzó durante el doctorado, hace más de treinta años. En mi libro se ofrece una nueva visión de esta enfermedad de culto en Psiquiatría. La posmodernidad en la que estamos instalados es el caldo de cultivo de esta enfermedad. No favorece la integración social, que es un factor de protección contra los rasgos límites.

-¿Se refiere a que vivimos en una sociedad de consumo, individualista?

-Sí, aunque el tiempo pasado fue peor en la mayoría de los parámetros que utilicemos. La sociedad, avanza aunque lentamente. El tiempo es un señor galante.

-¿Se dan menos trastornos psiquiátricos en el medio rural que en las ciudades?

-Sí. El ritmo vertiginoso de vida en las ciudades favorece los trastornos psiquiátricos.

-¿Por qué el trastorno límite es una enfermedad de culto entre los psiquiatras?

-Es la enfermedad de culto por su complicidad y gravedad. Representa el corazón de la Psiquiatría y de la condición humana.

-Estrés, desempleo, ambiciones frustradas... Cualquiera de nosotros puede caer en esa enfermedad.

-Cualquiera puede sufrir el trastorno límite, aunque lo sufrirán aquellos que han sido heridos con la herida biológica, psicológica y social que componen lo que denomino la herida límite.

-¿A qué se refiere con la herida límite?

-Las personas límites han sido heridas por la naturaleza (la vulnerabilidad biológica), heridas por otros (herida psicológica) y por la sociedad (carencia de ayuda social). En cada individuo las heridas son de distinta gravedad y configuran lo que yo he denominado la herida límite.

-Sus cálculos indican que el 2% de la población padece trastorno límite de la personalidad, con más incidencia entre las mujeres. ¿Por qué?

-La mayoría de los pacientes son mujeres. Suelen ser con más frecuencia víctimas de abusos y tener más dificultades en la integración social. En el libro hago referencia a mujeres célebres que padecieron la enfermedad: Marilyn Monroe, Judit Garland, Amy Winehouse, etc.

"Los enfermos que están reclusos son más recuperables de lo que se pensaba. No presentan rasgos psicopáticos. Suelen ser empáticos y altruistas, pero van perdidos, heridos, sin identidad. Merecen sin duda una oportunidad"

-También afirma que entre el 20 y el 25% de la población reclusa sufre trastorno límite de la personalidad. ¿Hay muchas personas en las cárceles que debieran estar en otro tipo centro de internamiento?

-La mayoría de los pacientes podrían cumplir el tiempo de privación de libertad en centros especializados. Los avances en Neurociencia demuestran que presentan más alteraciones neurobiológicas de las esperadas. Al mismo tiempo son más recuperables de lo que se pensaba. No presentan rasgos psicopáticos. Suelen ser empáticos y altruistas, pero van perdidos, heridos, sin identidad. Merecen sin duda una oportunidad.

-¿Qué consecuencias tiene esa presencia de alteraciones neurobiológicas en la población reclusa y en la general?

-En las cárceles existen muchos internos con alteraciones neurobiológicas. Las que presentan las personas límite son hoy día mejor conocidas y deberían reducir de forma considerable la imputabilidad de sus conductas.

-Un drama oculto de las enfermedades mentales son los suicidios. En España se quitan la vida una media de diez personas al día. De ellas, el 70% no había accedido a ayuda especializada. ¿Qué deberíamos hacer para rebajar esas cifras?

-Es conveniente que se hable del suicidio, que deje de ser un tema tabú. Un 12% de los pacientes con trastorno límite se suicidan. El suicidio debe ser considerado como lo que realmente es, una urgencia médica.

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