Inicios de las Misioneras Concepcionistas en Algeciras (y IV)

Historias de Algeciras

Una vez consolidada la labor asistencial-sanitaria y educativa, aquellas valerosas mujeres habrían de vivir todo el devenir de la historia de Algeciras en su procelosa primera parte del siglo XX

El distrito de la Caridad, en primer término, fue testigo diario de la labor de las monjas concepcionistas.
El distrito de la Caridad, en primer término, fue testigo diario de la labor de las monjas concepcionistas.
Manuel Tapia Ledesma

30 de enero 2022 - 05:00

Algeciras/Plácido Santos Lavié era un letrado de gran prestigio en nuestra ciudad. Su gran conocimiento del Derecho era reconocido por las más importantes familias de la Algeciras de la época; por ello no era nada extraño que su nombre apareciera en la administración de bienes, representaciones como las que nos ocupa en como miembro de los siempre difíciles Consejos de Familia, en defensa de los derechos de los menores. Por tanto, personajes tan importante de la sociedad algecireña de entonces, como Manuel Villalba, viuda de Gertrudis Mourelles, los hermanos Antonio y Micaela Bonany, o los grandes propietarios Díez del Real y García de la Torre, contarán con su concurso y buen hacer como letrado.

Y así, tomado como profesional necesario al ilustre abogado algecireño, el citado Instituto de Religiosas, para un mayor servicio a la ciudadanía de Algeciras, agrega y adquiere para su patrimonio: una casa señalada con el número 1, propiedad de María Navarro García, ubicada en la calle Soria (Castelar) de nuestra ciudad. La citada vivienda se componía originalmente de altos y bajos, dando su frente principal hacia la calle Nueva o del Matadero. Teniendo como vecinos más cercanos a Domingo López (propietario, siendo uno de los primeros socios en la constitución de la Compañía Anónima para el Alumbrado Eléctrico de Algeciras), y Manuel Moreno Fernández (presbítero y propietario dueño, entre otras, de varias huertas en la Dehesa de la Punta o de Las Abiertas, en este término municipal; y servidor de una capellanía que fundó María de los Santos Pecino, con una pensión de 50 pesetas para la función el día de San Antonio de Padua.

Una vez en el idóneo caserón entre las calles Panadería y Camino a las Huertas, para dedicarlo a la enseñanza, comenzó este nuevo buen periplo de las Concepcionistas hermanas en nuestra ciudad. En relación a la labor docente de estas monjas, un texto que se hizo público, expresaba lo siguiente: “Dígalo esa falange de jovencitas, que en su centro de enseñanza reciben el pan de la inteligencia, a fin de contrarrestar los efectos de las perniciosas doctrinas que en éste siglo han tomado asiento en nuestro suelo. Vedlas grabar indeleblemente en sus corazones el nombre Santo de Dios y germinar en ellos la semilla que fecundado con el rocío de sus saludables instrucciones, producirán en días no lejanos, frutos sazonados, que las hagan aptas para desempeñar la noble misión que a la mujer le ha sido confiada en la sociedad. Vedlas desvelarse por su educación moral y ante todo religiosa, trazándolas delineadamente, las sendas que han de seguir en el cumplimiento de sus deberes en el mundo, para que cuando esa niña se transforme en mujer, y por la ley inexorable que han de imponerla unos vínculos solubles sólo por la muerte, véase precisada a separarse de sus preceptoras, puedan entonces erguir majestuosas, su tersa y radiante frente y circundada de la aureola de la inocencia, entonen también sus labios un himno de bendición a aquellos seres, que supieron hermanar, el amor al desvalido, con el celo por la juventud ignorante”.

El nuevo periplo de las Concepcionistas continuó en el caserón entre las calles Panadería y Camino a las Huertas

Entre las actividades que aquellas lejanas docentes programaban para sus alumnas se encontraba, como era lógico y normal para la época, la enseñanza de labores. Por tal motivo fue programada una exposición en la que participaron las alumnas del centro, entre otras: “Teresa y Nieves Martín; Narcisa, Josefa y Antonia Dolores Cabrera; y por último Gertrudis y María Moreno, todas ellas constituyen las más aventajadas discípulas del colegio regido por las religiosas de la Inmaculada Concepción”.

Extracto registral de la adquisición inmueble de la calle Emilia de Gamir.
Extracto registral de la adquisición inmueble de la calle Emilia de Gamir.

Otras de las cualidades que demuestran las hermanas concepcionistas, encargadas del hospital civil y del colegio de la calle de Las Huertas, son sus dotes para el canto. En una crítica que se realiza al Ayuntamiento de entonces por la falta de higiene y limpieza en la zona anexa al hospital, entre lo escatológico y lo lírico, se expresa: “Ya que hemos hablado de lo concurrido en la Novena, no queremos dejar hacer una súplica al señor Alcalde, en bien del buen nombre de la cultura de Algeciras y de los sentidos de olfato de los que concurrimos a dicha Novena, pues al salir tenemos que taparnos las narices al pasar por la espaciosa acera, frente a la calle Emilia de Gamir […], y es tan desagradable, que los fieles que salen de la iglesia, sienten contrastados los sentidos; del olfato con el incienso y los del oído con los hermosos y espirituales y sonoros cánticos de las religiosas”. Este último comentario, además de recoger la protesta por la falta de salubridad, y el reconocimiento de las dotes para el canto de la comunidad concepcionista, demuestra que para entonces, el llamado Camino de las Huertas, había recibido la denominación oficial de calle Emilia de Gamir.

Pero no todo en aquellos comienzos del nuevo centro de enseñanza sito en la calle Emilia fue un camino de rosas. También se vivieron situaciones difíciles y complicadas, como así fue denunciado a la Inspección de Policía, sita en la calle Santísimo, sucediendo los hechos del siguiente modo: “En la tarde del jueves a la hora de salida, se presentó una mujer en el colegio […], y llamó a la preciosa niña Teresa Almagro, hija de Augusto Almagro. Ya se disponían a entregar la niña, creyendo que la mujer aquella fuera una nueva criada de la casa, cuando se presentó la verdadera criada que iba por la niña. Al oír la desconocida que preguntaban por Teresita Almagro dio a correr por la calle sin que pudiera hasta ahora averiguarse quién fuera, ni el fin que se proponía aquella desconocida. La policía hace activas gestiones para descubrirla. Felicidades al señor Almagro y su esposa, por haberse librado acaso de un horrible disgusto, y damos la voz de alerta a los padres de familia.” Augusto Almagro Cano era el propietario de la botica denominada El Globo, sita en la calle de Jerez, esquina Cristóbal Colón, estaba casado con Teresa Otero Onetti.

Y mientras la familia de Teresita y la comunidad religiosa concepcionista se reponen del gran susto sufrido, Algeciras celebra el Septenario dedicado a Ntra. Sra. De los Dolores en la Iglesia de Nuestra Señora de la Palma: “Con acompañamiento musical dirigido por el maestro Pastor y los cantores de la parroquia, contando con la presencia de las Hermanas de la Caridad. Cada noche han predicado los Revdos. Padres de la ciudad [...] Los gastos extraordinarios que representa la solemnidad con que este año se ha celebrado el Septenario de los Dolores, se costearan con limosnas de los fieles, en suscripción empezada y encabezada por el Rvdo. Padre Porras”.

La Congregación recibiría la visita de un conocido sacerdote y orador, bautizado como El León de Cristo

Y así, mientras la Algeciras religiosa celebra sus actos litúrgicos con la presencia de las “monjas del hospital”, en aquellos primeros años de la nueva centuria, la Congregación de las Misioneras de la Inmaculada Concepción recibiría la visita de un conocido sacerdote y orador, bautizado como El León de Cristo, llamado Rvdo. Padre Tarín. Francisco Tarín Arnau, como así se llamaba este teólogo jesuita, durante su corta estancia en Algeciras puso gran empeño en saludar a la comunidad concepcionista. Sin duda, el singular y controvertido sacerdote (defendía al obrero frente al patrono, según unos; o, se decantaba en favorecer a los patronos en detrimento de la clase obrera, según otros); conocería sobradamente la gran labor que las misioneras realizaban en nuestra ciudad. El documento estudiado expresa en relación con este encuentro: “Sabido es que al medio día visitó el Padre Tarín el colegio de las Hermanas de La Caridad, y por la noche dio comienzo a la Novena, con un precioso sermón al que asistieron numerosos fieles [...] Tarín, sacerdote jesuita, viajero incansable, propagador de la fe”.

Continuando el consultado texto: “En el coche de Tarifa llegó el jueves por la noche este digno Sacerdote de la Compañía de Jesús. A esperarle fueron todos los señores sacerdotes adscritos a ésta Parroquia con el virtuoso Cura Párroco D. José Flores Tinoco, el Alcalde, y el Secretario del Ayuntamiento; así mismo estaban presentes, entre otros, los señores Santacana, Nouvelles, Rafael de Muro y Joarizti (que fuera alcalde de nuestra ciudad), y D. Manuel Navarrete. Acto seguido se dirigió a la Iglesia Parroquial (La Palma), y desde la sagrada Cátedra, se dirigió a la multitud allí congregada a la cual le hizo llegar un cariñoso saludo en nombre del sabio prelado de éste obispado […], entre los actos que fueron organizados, sobresale un encuentro con los niños y niñas de las escuelas públicas y privadas, que en conjunto sumaban más de 400”. Quizás en esta preocupación por los mas jóvenes, demostrada por tan destacado sacerdote -en función a las altas personalidades locales que fueron a recibirle-, se encuentre la explicación de su interés por visitar el centro docente de la calle Emilia de Gamir, y ser testigo directo de la magnífica labor que la orden concepcionista estaba llevando a efecto en el mismo.

Pero aquella labor tantas veces reconocida necesitaba de una promoción social para su continuidad, y es por ello, según queda documentado, que: "En el colegio de las Religiosas de la Inmaculada Concepción se ha celebrado una magnífica velada recreativa en la que tomaron parte las señoritas Victoria y Lourdes Bozzino, Ramona López, Olimpia Martínez, Dolores Muñoz, Inés Moreno, María Vázquez, Elena y Josefina Cardona, Carmen y Pilar García Reyna, Triniad Méndez, Olimpia Pérez, Luz y Amalia Vázquez, Juana Ottone, Dolores Rozzo, Dolores y Mercedes Morón, Angelita Rivero, Natividad Sameño, Felicidad y Enriqueta Clos, Dolores Garzoli, Josefa de Lanuza, Emilia Fernández, Aurorita Muñoz, y los niños José Luís Pastor y Vicente Gómez Terrón. Las señoritas Guillermina y Carmen Vento, Santito Allosa, Nieves Gómez Terrón, Concepción Muñoz y Trinidad Méndez, tocaron admirabñlemente al piano varias partituras por lo que merecieron numerosos aplausos de la distinguida concurrencia que llenaba el salón de actos admirablemente decorado. Felicitar a las reverendas hermanas por este nuevo éxito de organización y a las señoritas que tan bien han representado sus papeles”.

Pasado el tiempo, y una vez consolidada la labor asistencial-sanitaria y educativa, aquellas valerosas mujeres habrían de vivir, siendo testigos y protagonistas, todo el devenir de la historia de Algeciras en su procelosa primera parte del siglo XX. Además de enseñar y preparar a las nuevas generaciones, estas misioneras concepcionistas atendieron a los soldados heridos provenientes de la guerra del Rif, afrontaron los difíciles momentos para los religiosos que se vivieron en la Algeciras de 1931; socorrieron a los combatientes de la incivil guerra; colaboraron en alimentar a los más desfavorecidos durante la dura posguerra; y ayudaron a venir al mundo a varia generaciones de algecireños, entre otras.

Y así, pasados los años, pasadas las décadas, cuando el hospital fue cerrado y un nuevo y moderno centro sanitario fue inaugurado al sur de la ciudad, las monjas aún seguían en el antiguo edificio ejerciendo su magisterio en la cercana y antigua calle que se denominó Camino de Las Huertas (Emilia de Gamir). Poco tiempo después, también ellas abandonarían el -para entonces- vetusto Hospital Civil; alejándose hacia el norte del término municipal algecireño y dedicarse en exclusividad a la labor docente.

Para finalizar, permítanme recordar algunos de los versos que un personaje mítico para la historia contemporánea de Algeciras, como fue el polifacético José Román, dedicara a María Inmaculada, y por ende en honor de la Orden Concepcionista en su ingente trabajo desarrollado en nuestra ciudad, expresando...

Los cielos entonan a Ti mil loores,

y brotan las flores donde fijas tu pie,

estrellas coronan tu pura cabeza,

y en tanta belleza el Padre se ve.

El Hijo se extasía mirando tu encanto,

y el Espíritu Santo se extasía también,

y Dios Trino y Uno contenla vehemente,

radiar en tu frente la luz del Edén.

(A la memoria de Sor Eufemia, Sor Carmen Gadea y Sor Pilar, quienes me honraron con su afecto y amistad).

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