Alejandra Azcárate: "Llamar a las cosas por su nombre, alivia un montón"

La comediante, actriz y presentadora colombiana Alejandra Azcárate está en Andalucía dentro de su gira europea de su último espectáculo, Lo Que Se Permite, Se Repite. Así, durante este mes de marzo, la artista ha visitado Sevilla (día 20) y estará este día 29 en Málaga con un monólogo muy íntimo, confrontador, reflexivo y sarcástico. Azcárate fue la primera mujer artista extranjera en género comedia en ganar dos Gaviotas de plata y de oro en el reconocido festival Viña del Mar en 2018, abriendo un camino importante para el reconocimiento del talento femenino en el entretenimiento. Además de su carrera como actriz en exitosas novelas, en 2021 estrenó La Azcárate de Frente en la plataforma Netflix.
–’Lo que se permite, se repite’, y usted se permite nueva gira por Europa. ¿Se siente cómoda llevando su propuesta a otros países, hispanohablantes y no?
–Siempre he sido muy consciente de que al salir de mi país, mi trabajo es un reinicio de cero, pero como soy una mujer de retos, eso siempre me ha seducido. Para mí conquistar nuevos públicos es un constante desafío, y ver que ahora, en España, ya no sólo tengo público latinoamericano, sino local creo que tiene un mérito enorme porque ha sido el resultado de picar piedra durante muchos años, no ha sido el resultado de chasquear los dedos.
–En esa propuesta invita al espectador a detectar la relevancia que se le da a lo insignificante y el poco valor que se le da a lo importante. ¿Estamos ante una sociedad con valores invertidos?
–No creo que sea un tema social sino que es una construcción individual. Todo el tiempo estamos más pendientes de añorar lo que nos hace falta, que de valorar lo que ya tenemos, y eso creo que no tiene nada que ver con un estudio general o colectivo, es una arquitectura propia, nos pasa a todos. Tienes pelo liso, lo quieres crespo; tienes cierto peso, quieres más o menos; ves a una amiga vestida de determinada manera y quieres vestirte igual...
–¿Qué comportamientos observó para dar a luz este monólogo?
–Los míos. Fue un monólogo escrito con mucho dolor y tengo la particularidad de recomponerme de forma muy lenta. Yo no soy de fácil ni de rápida reconstrucción, admiro mucho a la gente que puede pasar las páginas de manera más veloces, a mí eso me toma un proceso muy hondo y muy minucioso. Así que, a través de un proceso personal, me di cuenta de todas las fases a las cuales esto me había llevado, y cómo desde mi ángulo había procesado las cosas, a veces, de manera equivocada y, a veces, acertada. Eso me permitió hacer un análisis de cómo considero yo que somos las personas en el plano emocional con ese vaivén constante entre la gracia, la desgracia, los buenos momentos y los infortunios.
–No somos tan distintos unos de otros o nos encantan las miserias ajenas, ¿cuál es el resorte para que funcione un monólogo?
–Yo pienso que, en principio, es el hecho de exponer viviencias muy cotidianas sobre temáticas muy poco tratadas en el plano femenino. Los temas que yo expongo los hablamos por lo general en nuestro circuito más íntimo. Difícilmente ampliamos el espectro. Entonces, cuando yo abro una ventana tan grande, a través de una voz que está amparada en una puesta escénica muy contundente y una interpretación muy única, con un estilo satírico agridulce, sarcástico, creo que permite el trabajo se convierta también en un bálsamo para vernos desde ese lado oscuro que tenemos y volvernos un poquito más grisáceos, no quedarnos tanto tiempo en la penumbra. Llamar a las cosas por su nombre, sin tanta arnadela y tanto adorno, alivia un montón. Porque los monónologos, por más que incomoden en ciertas partes, porque tocan fibras muy sensibles, al final terminan aliviando. Es como que te quitas un piano de encima y dices, ‘oye, si es tan sencilla la vida como esto’.
–¿Con humor se puede decir todo? ¿El humor debe tener límites?
–No creo que deba tener límites, pero sí parámetros, que es diferente. Uno a través del humor puede hablar absolutamente de todo, precisamente, porque es un punto de vista, no es una exposición de una verdad absoluta, por lo tanto permite que hasta los temas más espinosos se puedan tratar. Ahora, hay parámetros donde uno tiene que ser muy consciente y no traspasar la franja del respeto o, por ejemplo, no correr el riesgo desde el ego de pensar que hay una verdad rotunda, sino entender siempre que es una realidad contundente, pero que es la mía, no tiene que ser la de todos.
–¿Cree que para el púbico es más difícil aceptar mujer haciendo humor de tipo sarcástico que a un hombre?
–Para el mundo es más difícil aceptar a una mujer. Punto.
–¿Le ha traído alguna vez problemas hacer ese tipo de humor?
–Sí, todos los días de mi vida.
–En Viña del Mar salió bien parada con ‘El temido monstruo’. ¿Esas dos Gaviotas ayudaron a visibilizar el camino de las mujeres comediantes?
–Sin duda. Es una enorme plataforma en la industria del entretenimiento. Es un reto y un desafío muy contundente que exige una preparación muy rigurosa y sobre todo un enorme coraje. Para mí esa experiencia fue inolvidable y grandiosa, muy gratificante.
–Cuando comenzó su carrera en televisión y en el mundo de la comunicación, ¿se veía en las tablas haciendo humor?, ¿con qué soñaba?
–Soñaba con hacer lo que hago. Siempre soñé con estar comunicando y diciéndole a la gente, a mi manera, lo que yo pensaba y sentía. No tenía muy claro en mi mente en qué forma, pero hoy en día, si miro en retrospectiva, digo sí, es completamente lo que me cantaba mi manera de ser y he sido coherente con mi sentir.
–¿Qué ha encontrado en Andalucía, conectamos con usted?
–He encontrado conexión desde el cómo digo las cosas, yo no adorno nada, y creo que los españoles, especialmente en Andalucía en sus expresiones, en la manera en la que manifiestan sus opiniones, son muy arajatabla, no tienen agua tibia, y eso me fascina, por eso nos entendemos, es un mismo idioma.
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