La Guardia Civil en La Línea (XVI)

CLXXV Aniversario de la Fundación de la Guardia Civil (1844-2019)

El coronel Jesús Núñez repasa los 175 años ininterrumpidos de presencia en la ciudad

Esta entrega está dedicada a los mandos destinados en el municipio en julio de 1936

El teniente Valeriano Silva Franco, jefe de la Guardia Civil en 1936
El teniente Valeriano Silva Franco, jefe de la Guardia Civil en 1936 / E. S.
Jesús Núñez - Coronel de la Guardia Civil y doctor en Historia

03 de junio 2019 - 06:03

La Línea/El 17 de julio de 1936 comenzó en Melilla la sublevación militar contra el gobierno de la República, que al fracasar dio lugar a una fraticida guerra civil que desangró a España entera.

En esa fecha, la Guardia Civil tenía desplegada en el Campo de Gibraltar a la 2ª Compañía de la Comandancia de Cádiz con cabecera en Algeciras. Su plantilla, recién aprobada, estaba compuesta por 142 hombres, de los que 27 tenían su destino en La Línea de la Concepción.

Ello era fruto de la propuesta elevada tres días antes por el teniente coronel Vicente González García, jefe de la Comandancia, que como ya se expuso en un capítulo anterior estuvo destinado como teniente en La Línea.

Dicha propuesta fue elevada al inspector general del Cuerpo, general de brigada de Caballería Sebastián Pozas Perea, y sería la última modificación de la plantilla orgánica que se formulara y aprobara antes del inicio de la Guerra Civil.

A este respecto hay que significar que en la Benemérita siempre fueron habituales las reorganizaciones orgánicas de sus unidades al objeto de alcanzar la máxima eficacia y eficiencia posible.

Esta última propuesta aprobada, según consta al final de la misma, justo un mes antes de la sublevación militar, es decir, el 18 de junio de 1936, fue refrendada con su firma por el coronel Gonzalo Delgado García, jefe de la secretaría militar de la Inspección General de la Guardia Civil.

El teniente Valeriano Silva Franco, jefe de la Guardia Civil en 1936
El teniente Valeriano Silva Franco, jefe de la Guardia Civil en 1936

Respecto al puesto de La Línea se hacía constar concretamente en la referida propuesta, el aumento de tres guardias 2º de infantería. Pero se decía también que debían ser de estado soltero al ser la única disponibilidad de alojamiento en su casa-cuartel, sita en la calle Jardines. Dicho incremento se consideraba conveniente para el servicio, tanto por la importancia de la población como por su proximidad a la colonia británica de Gibraltar, “donde afluyen crecido número de maleantes”.

El criterio de disponibilidad de alojamiento en casa-cuartel en La Línea era determinante para ser destinado a su puesto, en función del estado civil de soltero o casado del personal destinable.

Sirva como ejemplo el caso del guardia 2º Francisco Martínez Rodríguez. Estando destinado en La Línea había contraído matrimonio en abril de 1930 con Juana Usagre Marín, hija del guardia 2º Juan Usagre Blanco, del mismo puesto. Dado que no había disponibilidad de pabellón de casado en la casa-cuartel, el alcalde de La Línea, Andrés Viñas García, había comunicado por escrito al alférez José Machuca Báez que el Ayuntamiento estaba dispuesto a hacerse cargo del alquiler de la vivienda que necesitasen, al objeto de que continuase destinado en la ciudad.

Sin embargo, el coronel Fernando Núñez Llanos, subinspector del 16º Tercio, sito en Málaga, informó desfavorablemente al director general del Cuerpo, teniente general José Sanjurjo Sacanell, “teniendo en cuenta que no es conveniente para el servicio que los individuos vivan fuera de la casa-cuartel en una población como La Línea de la Concepción, donde casi todos los vecinos en mayor o menor grado se dedican al tráfico de contrabando, más teniéndose en cuenta el servicio que presta allí la fuerza de vigilancia en las puertas de Gibraltar, estando muy reciente el correctivo impuesto a dos Guardias de La Línea por contrabando, y que de concederse vivir en la calle al Guardia expresado no podría ejercer sobre él, el comandante del puesto la debida vigilancia”.

Concluía su parecer proponiendo que fuera destinado a otro puesto donde hubiera pabellón vacante. La cuestión terminó con su traslado forzoso al puesto de Los Barrios, donde sí había disponibilidad de pabellón. Una vez que quedó vacante un pabellón de casado en la casa-cuartel de la calle Jardines, pudo regresar destinado a La Línea, donde le sorprendería el inicio de la Guerra Civil.

Al frente de la Guardia Civil de La Línea se encontraba en julio de 1936 el teniente Valeriano Silva Franco. Tenía a su cargo los puestos de la residencia, Atunara y Campamento. El puesto de San Roque, que durante las últimas cuatro décadas había dependido de La Línea, había dejado de hacerlo al haber recuperado su propio oficial jefe en una reorganización anterior, pasando a su vez a depender de él los puestos de la residencia, Algeciras y Almoraima.

El teniente Silva, natural de la localidad malagueña de Archidona, tenía 48 años de edad. Estaba casado con María Tomás Gómez y tenía nueve hijos, llamados Francisco, Carmen, Daniel, Marcelo, Fernando, Valeriano, África, Concepción y Carlos, comprendidos entre los 22 y los 4 años de edad.

Llevaba poco más de dos meses destinado en La Línea. Procedía de mandar Jimena de la Frontera, a donde había llegado como alférez en agosto de 1933, y de la que a su vez dependían los puestos de la residencia, Buceite y Tesorillo.

Se trataba de un oficial con poco más de dos años de antigüedad en el empleo de teniente y era el más condecorado de toda la Comandancia de Cádiz, como consecuencia de su servicio en diferentes empleos en Ceuta, Melilla y Protectorado de Marruecos durante las campañas allí acontecidas en las décadas anteriores.

Gozaba de gran prestigio entre sus compañeros, habiéndose distinguido en la realización de diversos servicios humanitarios. Destacaba entre ellos el rescate efectuado el 24 de octubre de 1909, siendo guardia 2º, al salvar “con riesgo para su vida” la de dos soldados enfermos que estaban a punto de perecer ahogados en el río de Oro en Melilla, al ser arrastrados por sus aguas. Dicha acción benemérita, por la que fue condecorado, tuvo gran repercusión en la época.

El comandante de puesto en La Línea era el sargento Manuel Gómez Maqueda, que se había incorporado el 10 de febrero del año anterior, procedente de Arcos de la Frontera. Tenía bajo su mando una plantilla compuesta por 2 guardias 1º y 9 guardias 2º de infantería así como 5 guardias 2º de caballería. Aunque ya no figuraba en la nueva plantilla aprobada, seguía manteniendo un cabo de caballería.

Dicho suboficial se había visto implicado, por razón del servicio, en un luctuoso suceso acaecido el 26 de marzo de 1935 y que conmocionó a toda la sociedad campogibraltareña, haciéndose eco de ello la prensa de la época. Resultó que fue requerido por varios ciudadanos para que procediera a la detención del paisano Vicente Vargas Sánchez, que acababa de herir con arma blanca en la cara y cuello a su novia Emilia Salvador Barea. Tras perseguir al agresor por varias calles de La Línea, junto al padre y familiares de la víctima, terminó por dispararle al desobedecer reiteradamente la voz de alto a la Guardia Civil, causándole la muerte.

Fue procesado por el juzgado de instrucción militar de Algeciras por supuesto delito de homicidio en acto de servicio, quedando finalmente sobreseído sin declaración de responsabilidad. El juez instructor de la causa fue el comandante de infantería Francisco Nieto Mendoza, auxiliado como secretario por el sargento 1º de infantería Antonio Ramírez Richarte.

En el próximo capítulo se seguirá detallando el personal destinado en La Línea y sus vicisitudes.

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