¿Británicos?, se van a hartar

Es muy probable que incluso esté en peligro la mismísima integraidad del Reino Unido

31 de diciembre 2020 - 01:35

Cuentan que un recluta, yendo de pasajero en una avioneta, observó que el teniente piloto no acertaba a enderezar la aeronave mientras descendía sin control. El muchacho, dirigiéndose al joven oficial le preguntó: "mi teniente ¿tomamos tierra?", y el teniente, sin inmutarse, contestó: "¿tomamos? ¡Nos vamos a hartar!". Algo así les va a pasar a los yanitos, tan británicos han querido ser que se van a hartar de serlo. La plata invertida por Convent Place en pasear a Picardo, en estos días de zozobra, por medios españoles, habría estado mejor empleada en hacerse ver por los ingleses. La quinta columna ya no da más de sí y Clive se nos ha hecho mayor.

El alcalde Franco y sus afectos insisten en declarar a su pueblo mártir de todas las plagas. Ellos y otros muchos ignoran a conciencia, que la comarca se benefició hasta lo inimaginable entonces, del cierre de la verja (1969-1982); por mucho que yo lo haya dejado patente desde estas mismas páginas. Más les valdría, como más les hubiera valido a sus antecesores, dirigir sus energías de víctimas irredentas a conseguir que ese pueblo se liberara de las trapacerías ligadas al desequilibrio anacrónico de sus vecinos. La Línea tuvo, en el período en que la verja estuvo cerrada, no las mismas sino más oportunidades laborales que el resto de la comarca. De hecho, la radicación del polígono industrial de San Roque -ciudad en la que residió la de Gibraltar hasta la llegada de los socialistas- está mucho más a mano de La Línea que del resto de la comarca.

El disparate del Brexit, tormenta perfecta generada desde la estupidez y la irracionalidad, no puede dar más que problemas. Nuestras sociedades están empeñadas en relegar la legitimidad de todas las decisiones a la mayoría, aunque la incompetencia siempre sea más abundante que el sano juicio y la preparación. La colonia está comprobando que es el vacío por sí misma, que su voluntad no cuenta y que la democracia es para que la interprete quien la administra; en fin, que "depende", en el sentido gallego del término. Es difícil vaticinar en qué va a acabar el galimatías en que nos han metido los británicos, pero es muy posible que en puertas del nuevo año incluso esté en peligro la mismísima integridad del Reino Unido, que va a encontrarse en un plis plas, con un Belfast en donde crece la minoría católica y se acerca ya al "fifty-fifty", y con una Escocia donde el nacionalismo es ya claramente mayoritario.

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