De Abisinia a Ucrania

01 de abril 2025 - 03:07

Mientras preparaba mi ponencia para las XVII Jornadas de Historia del Instituto de Estudios Campogibraltareños, en la que analizo el derrocamiento del Imperio etíope a manos de Mussolini y el encuentro fortuito en Gibraltar entre el emperador Haile Selassie I y el insigne periodista sevillano Manuel Chaves Nogales, no podía dejar de pensar en el inquietante paralelismo entre aquellos hechos y la actualidad internacional.

Abisinia, como llamaban los europeos a Etiopía, fue invadida con pretextos absurdos y colonialistas en 1935. Las principales potencias del momento, Reino Unido y Francia, optaron por una política apaciguadora con las futuras potencias del Eje (Italia, Alemania y Japón), que no sirvió para otra cosa que para dar oxígeno a los regímenes totalitarios para invadir territorios, como Albania o Checoslovaquia. La Sociedad de Naciones, la antecesora de la ONU, fue devaluada por la connivencia de las potencias liberales con el fascismo, que hicieron que las sanciones económicas cayeran en saco roto. Sobra decir que ninguno de los gestos diplomáticos y conciliadores detuvo el ansia expansionista y la II Guerra Mundial.

Algo similar ocurre actualmente con Ucrania y las distintas actitudes hacia Rusia. Estados Unidos recoge el guante “apaciguador” franco-británico. Por otro lado, la Unión Europea, entre la espalda y la pared, ha decidido dar un paso hacia la autonomía defensiva. Sin embargo hay grupos que se oponen a esta andadura comunitaria: los simpatizantes de Putin y Trump y los populistas de la paz.

Los populistas de la paz, mayoritariamente de izquierdas, se oponen a la inversión en Defensa de forma maniquea y absurda, imagino que, intentando emular al líder socialista Jean Jaurès, que se opuso a la participación en la Gran Guerra. Si bien es una postura loable, la referencia no podía ser más desacertada. Actualmente ningún país europeo cuenta con un fervor nacionalista revanchista que lo pueda llevar a un conflicto. Precisamente, la inversión planteada se enfoca en la protección de nuestras sociedades, plurales, democráticas y pacíficas. Invocan la acción diplomática -como si no se hubiera intentado- y sin darse cuenta, se les queda cara de Neville Chamberlain o Pierre Laval, que encajan más en esas posturas que tratan de amansar el apetito imperialista actual. Algunos soñamos, como Victor Hugo, en la fraternidad europea pero para lograrla hay que defenderla y disuadir a los poderes autoritarios que tratan de acabar con ella.

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