José Aguilar

La amnistía ¿qué tiene de bueno?

La esquina

Nogueras y Rufián remataron la falacia de que la amnistía va a mejorar la convivencia en Cataluña y en España

01 de junio 2024 - 00:15

El Congreso de los Diputados aprobó el jueves, por una mayoría de cinco votos, la ley de amnistía en favor de los independentistas catalanes que en 2017 intentaron derribar la Constitución democrática. Culminó así una polémica faena política sin que su principal impulsor se dignara defenderla en el Congreso durante sus seis meses de gestación. Llegó al pleno parlamentario tres minutos antes de la votación, votó y se marchó aliviado. Había ganado.

O no. Los portavoces de los beneficiarios de la amnistía le aguaron la fiesta inmediatamente con sinceridad jactanciosa. Resumo lo que dijeron. Miriam Nogueras (Junts): la ley no es ningún punto final, no es perdón ni clemencia, sino victoria de los partidos soberanistas frente al régimen que dejó atado el dictador. Gabriel Rufián (ERC): es un día de victoria para los partidos independentistas y de derrota para el régimen de 1978; próxima parada, el referéndum. Luego unos y otros, en los escaños y en la tribuna de invitados, se abrazaron emocionados suspendiendo un rato su permanente cruce de navajas cainitas.

Destrozaron, una vez más, la falacia más repetida por Pedro Sánchez y sus acólitos -ya sean ingenuos o interesados- desde que el primero se cayó del caballo, sin ingenuidad ninguna, para descubrir lo balsámico y sanador que resultaría para la convivencia en Cataluña, y en España, amnistiar a los que más gravemente atentaron contra ella. El accidente ocurrió la noche del 23-J, cuando el caído comprendió que había perdido las elecciones generales y que la única manera de seguir gobernando era sumar a su mayoría plurinacional escasa los siete escaños de un partido de derechas y más bien xenófobo liderado por el jefe de la rebelión de 2017. No sería más una coalición progresista, pero, bueno, nadie es perfecto.

El error de Sánchez, quizás forzado, fue, desde el principio, afrontar la negociación con los Puigdemont y compañía en posición de extrema necesidad. Tan débil y vulnerable que asumió cosas plenamente inasumibles: negociar con un prófugo de la Justicia, en territorio extranjero, con un mediador internacional para darle pátina de conflicto entre Estados soberanos, firmar un documento falseando el relato de lo ocurrido con el procès catalán, desautorizar a los jueces. vulnerar la igualdad entre los españoles y hasta reformar la ley ya pactada porque el prófugo descubrió que tenía alguna grieta. ¿A cambio de qué? De siete votos... sólo para la investidura. Lo veremos mañana.

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