Arte de guerra

21 de febrero 2025 - 03:06

Leo El ruido eterno de Alex Ross y más allá de lo musical me sorprenden los apoyos de la CIA a la promoción de la música de vanguardia en la Guerra Fría. Ya me han advertido, y estoy a punto de leer otro libro sobre ello, sobre cómo también se promociona y financia la pintura abstracta más radical: Rothko, De Kooning, Guston, Pollock... y tiene sentido.

Aparentemente, los sectores más conservadores deberían tener afinidad con un concepto más tradicionalista del arte, pero la jugada maestra es separar a la mayoría del mundo de las ideas, conseguir desvincularlos de una música clásica que no comprenden, de una pintura que no entienden, una arquitectura que les sobrepasa, incluso enfrentarlos a una ciencia que no tiene una dimensión práctica en los conceptos básicos de la naturaleza, es una garantía de elitización del conocimiento que deja el poder de la manipulación en unas cuantas manos.

El divorcio con el arte contemporáneo es un hecho hasta cierto punto ya comprensible, pues para ver u oír patochadas de ingenio mejor los Carnavales de Cádiz, son más directos. Yo no creo en conspiraciones pero sí tengo claro que las ideas del poder se traducen en movimientos sociales. Mientras el contrapunto comunista duró, aunque fuera mentira, el arte, la Universidad, la ciencia, tuvieron su puntito de peligro, llegado el Fin de la Historia en 1989 todo se ha ido decantando al desmontaje del pensamiento crítico hasta convertirlo en algo de lo que avergonzarse, la eterna fuerza cainita del ser humano gobierna hoy el mundo sin alternativa evidente.

Internet ha sido el motor de esta pauperización deshumanizante, siempre hemos sido advertidos de que lo importante no es cuánto conocimiento acumules sino cuánto has asimilado... en la época de mayor acceso a los datos se abren paso las trocherías más vergonzantes porque falla el criterio, de más está una enciclopedia si tu capacidad de lectura no pasa del reconocimiento de los símbolos escritos. Nuestros agudos pedagogos se siguen preguntando sobre cómo optimizar el uso de las nuevas tecnologías sin darse cuenta de que son el problema.

Pensar que los dueños de las grandes empresas cibernáuticas van a promover un uso de las mismas que pudiera ser contraproducente a sus beneficios: optimismo cándido parecido a creer que las cadenas de comida rápida quieren que tengas una vida sana. Me encantan Schoenberg, Rothko y alucino con el bosón de Higgs, pero eso si me formo para poder disfrutar de esas armonías, de esas construcciones de color o de esa negación de la existencia de dioses o destino. Si no, sólo son datos para una minoría y cosas raras para una mayoría ignara que quiere viajar a Taiwan a comer por la calle porque todo el mundo lo hace. Una humanidad al borde de un precipicio sólo puede estarlo si la mayor parte de la población tiene asumido ser la carne que alimenta la máquina de la guerra, a su vez máquina del dinero de un puñado. Cómo se consigue ser tan dócil como para querer ser sacrificado y ser alimento de otros, pues sólo a través del engaño y la manipulación. ¿Lo entienden?

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