
La Rayuela
Lola Quero
Puente de plata a la privada
Me duelen las partes gaznápiras de decir que lo interesante del pensamiento es el cálculo de consecuencias, de más está tener razón o ser brillante e incluso erudita sesuda si lo que dices supone lo contrario de lo pretendido; las Universidades son especialistas en erudición huera. Vamos con el bitcoin, parece que muchos fascioliberales han pasado de mirarlo con desprecio a montar sus negocios en torno a las criptomonedas.
El ultrarreaccionarismo contemporáneo por fin palpa su objetivo último, antes impensable, ahora creíble: destruir el Estado. Cuidado, esto no es anarquismo, lucha contra el poder por ser la causa de una malformación de la naturaleza buena humana... esto la destrucción del Estado como protector de la debilidad e interruptor de la lucha natural por la supervivencia, es decir: como freno del triunfo de la raza superior, más fuerte, ahora no marcada por cuestiones religiosas, culturales, biológicas (de camino, también) sino por el dinero puro y duro, ya la riqueza es un signo de superioridad racial, cada cual tiene lo que se merece, el rico lo merece, el pobre lo merece.
Sorprendente, no en este artículo, es analizar cómo una ideología que sólo favorece a una minoría exigua termina siendo la de toda una sociedad, pasó con el nazismo. Los fenómenos sociales no se pueden examinar en secuencias de causas y efectos lineales, pues todo sería tan sencillo como elegir entre ser un cabrón asesino o una bella persona, normalmente los criminales genocidas miran a los otros como violentos y peligrosos, incapaces de verse a sí mismos en su rol; ha de crearse el entorno adecuado, y tendrás entonces las ideas consustanciales. Eso está pasando ahora.
Mucha gente con pasta invierte en este dinero de mentira por pura estrategia de beneficio pecuniario; cuidado, digo de mentira porque el de verdad también es de mentira, el dinero no es más que la fragmentación fantasiosa de la riqueza de un Estado, porciones representativas de ese total estimado. La economía es un ejercicio de fe alucinante, pero hasta ahora ha funcionado. Desregular este mercado, dejar que una entidad privada venda su moneda casera virtual es, en última instancia, lanzar al dinero oficial a pelear no con otros Estados y sus leyes, acuerdos, contratos, sino con entes privados, incluso personas, someterlo a la oferta y la demanda entre múltiples opciones y si cae ¿qué nos quedará?: Empresas que obtienen más beneficios incrementando su valor, círculo vicioso sin producción real que suplirá a los servicios públicos, la deslegitimación de los Estados fiadores por avaricia, vamos.
Resumo: en vez de Estados respondiendo por los valores, descompondremos las economías en minibancos centrales privados, individuales, perdiendo toda capacidad regulatoria. Cuando el Estado no sea capaz de legislar la “fabricación” de la riqueza, ¿cómo se financiará? Es un torpedo en toda la línea de flotación de nuestras democracias, de nuestro sistema de vida, no lo hemos visto venir y ya está disparado.
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